Mezcal e independencia de México


Berenice Acuña Cuevas | Embajadora y pacificadora del Mezcal.

Berenice Acuña Cuevas | Embajadora y pacificadora del Mezcal.

Cada mes de septiembre celebramos en nuestro país un día que para todos es sinónimo de victoria, fiesta, música, comida y mucho sabor, la noche mexicana: el aniversario del día de la Independencia de México.


El mezcal es una de las bebidas típicas mexicanas favoritas para acompañar estas fechas, el cual tiene una gran importancia cultural y económica para las regiones productoras. Anteriormente, eran consideradas de baja calidad y ahora es un elemento esencial en las mesas más prestigiadas mexicanas para acompañar estas fiestas patrias.


Hay quienes les gusta tomarlo mezclado o solito e irlo degustando como dice la sabiduría popular: poco a poquito. Esta bebida legendaria contiene en su sabor y olor únicos el pasado prehispánico del agave, la tradición de un pueblo mestizo y un proceso de elaboración que asemeja a una obra de arte líquido.


El “Grito de Dolores”, como se conoce a esta celebración en algunos estados, es una representación del llamado que hiciera el cura Hidalgo en el año de 1810. Acto que se considera el disparo de inicio de una contienda que eventualmente derivaría en la Independencia de México y marcaría nuestra historia como nación, la cual se prolongó hasta 1821, con la consumación de la independencia de México se puso fin a tres siglos de dependencia de la monarquía española.


“No hay guerra sobria”, no se podría entender la guerra de independencia de México sin el mezcal, el aguardiente o el pulque. El mezcal en sus distintas presentaciones, así como el aguardiente, fueron las bebidas que más se consumieron durante la guerra de la independencia.


El vino traído de España escaseó mucho por el bloqueo que impusieron los insurgentes al puerto de Veracruz y por la interceptación de los caminos. Al estallar la guerra de independencia fue más difícil controlar la producción y el tráfico de bebidas embriagantes porque ambos ejércitos, insurgentes y realistas, requirieron de estos estimulantes para alentar a las tropas.


El 4 de mayo de 1811, el virrey Francisco Venegas autorizó la fabricación y el uso libre de esta bebida, en Fresnillo y Jerez, Zacatecas, al igual que en Charcas, San Luis Potosí; otras zonas productoras eran Guanajuato, Querétaro, Michoacán y Oaxaca, las cuales abastecían la demanda de las partes combatientes.


En las grandes haciendas agrícolas, aparte de almacenar maíz, frijol, trigo, azúcar y otras semillas, los propietarios guardaban barricas de aguardiente o mezcal; cuando Xavier Mina se apoderó de la hacienda del Jaral de Berrio (hoy en Guanajuato), propiedad de Juan de Moncada, encontró muchos barriles, que bebieron los oficiales insurgentes para festejar el apoderamiento de la finca y así muchos otros ejemplos.


Por todo esto podemos decir que el mezcal es un símbolo mexicano que además de brindar un deleite al paladar en estas fiestas nos ha acompañado a lo largo de la historia de nuestra nación, esto ayuda a consolidar el imaginario de lo mexicano alrededor de dicho elixir de nuestra planta sagrada.


Sin olvidar las implicaciones sociales que viven las localidades para que todo este simbolismo exista, el mezcal además cumple una función gastronómica y puede ser el medio económico para que los pueblos mezcaleros tengan una mejor calidad de vida. Depende de nosotros fomentar su consumo respetuoso y subsistencia.

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